La soledad de los hombres solos...
Querido Diario...
Los hombres invisibles caminan por las ciudades tambaleandose bajo grandes abrigos que los envuelven como paréntesis de oscuridad y soledad. Al andar rozan las paredes y se detienen oscilando para encender cigarrillos con mecheros inciertos que brillan instantaneamente entre las manos ahuecadas.
No los conoce nadie ni conocen a nadie, ni siquiera al barman pálido que le sirve una primera copa en los bares extraños y vacios de la media mañana donde ningún bebedor conversa con otro ni los mira, hombres solos en la hospitalaria verguenza y en la intima lealtad al abandono o al infierno.
Luego se marchan con la furtiva mansedumbre con que un padre de familia sale de un prostíbulo. Los vemos casi siempre de espaldas. Algunas veces vienen hacia nosotros, y si una luz les da en la cara, su mirada es temible.
No los conoce nadie ni conocen a nadie, ni siquiera al barman pálido que le sirve una primera copa en los bares extraños y vacios de la media mañana donde ningún bebedor conversa con otro ni los mira, hombres solos en la hospitalaria verguenza y en la intima lealtad al abandono o al infierno.
Luego se marchan con la furtiva mansedumbre con que un padre de familia sale de un prostíbulo. Los vemos casi siempre de espaldas. Algunas veces vienen hacia nosotros, y si una luz les da en la cara, su mirada es temible.
Autor: Antonio Muñoz Molina
- Todo es relativo,subjetivo y abstracto. No trato de convencerte porque yo solo SE que no Se nada -

